Archivos para julio 2011

A birras en el chino

24 julio, 2011

Como ya he comentado en anteriores artículos, debemos tener en cuenta que tomar el poder es una cosa y hacer la revolución que transforme la sociedad es otra bien distinta. También hemos hablado de la peculiar característica que tiene la revolución bolivariana a diferencia de lo que Gramsci planteó que debería ser una revolución socialista. En Venezuela los revolucionarios hemos tomado el poder, pero desde luego no existe una hegemonía ideológica socialista, sino más bien una del todo capitalista y consumista que no será nada fácil destruir.

Ante esto el gobierno plantea una serie de medidas que resultan bastante interesantes, y hoy quiero poner el ejemplo de los Cestatickets. ¿Y que coño es eso? Pues bien, los cestatickets son unos bonos de alimentación que las empresas deben pagar a sus trabajadores, y que estos pueden intercambiar a cambio de alimentos en las tiendas y supermercados. El gobierno obliga a las empresas a pagar parte del salario en estos bonos, con lo que digamos estamos “obligando” al trabajador a que una parte de su salario sólo puede ir destinada a comprar comida.  ¿Es esto una medida totalitaria que nos impone unas normas del consumo y coacciona al individuo libre? Esta sería la perspectiva de un liberal que entiende el consumo como la máxima expresión de la racionalidad y libertad del individuo. Sin embargo, yo lo veo como una medida de protección familiar que deriva de un análisis concreto de la realidad venezolana, y no de un ideal absurdo del individuo libre y racional.

En Venezuela vemos que existen familias completamente desestructuradas, una estructura patriarcal en la que son las mujeres las que en muchas ocasiones son la cabeza del hogar por el abandono total del hombre. Muchos de estos padres de familia gastan gran parte de su salario en fiestas, en apuestas, en cervezas con sus amigos.. mientras a su casa no llega el suficiente dinero para mantener una dieta alimentaria digna. Es por esto que el gobierno obliga a que gastes una parte de tu salario exclusivamente en comida, protegiendo así a los más desfavorecidos.

Pero incluso así, la gente sabe saltarse este tipo de iniciativas. Por las noches, me extrañó ver la cantidad de gente que se reunía en los restaurantes chinos a beber cervezas; no a cenar mientras te tomas unas cervezas no… sino a beber decenas de cervezas que se amontonan encima de las mesas. Yo extrañado me preguntaba por qué la gente no acudía a bares normales, donde puede incluso bailar y escuchar música, así que decidí comenzar mi pequeña investigación hasta averiguar el por qué de este misterio.

Después de mi introducción creo que ya todo el mundo sabe la respuesta ¿verdad? Exacto, en los chinos aceptan cestatickets (son restaurantes y dan comida ¿no?) a cambio de cerveza y de lo que pidas, no solo la comida. Esto nos viene a demostrar que, aunque podamos aplicar medidas legales que intenten generar otros valores (o al menos hacerlos respetar), sólo podemos cambiar la sociedad generando una nueva cultura desde las bases. Por mucho que intentemos aplicar un “socialismo por decreto” esto no servirá de nada sino le acompaña la creación de nuevos valores sociales, una nueva cultura solidaria, colectivista y en definitiva.. socialista.

La deformación profesional…

12 julio, 2011

Creo que una parte importante de la gente que estudia sociología por vocación, adquiere una deformación profesional que aplica a su vida diaria. No recuerdo exactamente qué profesor del primer año nos dijo cosas como “el sociólogo es el “amargado” del grupo para sus amigos”, siempre viendo las dos caras de las cosas, analizando hasta el infinito las causas sociales de las cosas mas cotidianas, y la mayoría de las veces con una perspectiva muy crítica. Otro recuerdo que dijo algo así como “si te pones las gafas del sociólogo, ya no te las podrás quitar nunca”, y por lo menos en mi caso es verdad.

Me encanta ir en el metro, viendo a la gente. Son varios minutos seguidos que compartes con personas completamente desconocidas, y siempre muy diferentes; durante varias veces al día. Por la calle vas viendo pasar a la gente, a penas te fijas en ellos en medio de la multitud que avanza en gran número por las calles llendo y viniendo al trabajo, recorriendo como borregos las zonas comerciales, un rebaño en el que cada uno no mira al que tiene al lado.

Me gusta el metro porque puedes tomarte tu tiempo en fijarte en la gente, en sus conversaciones, en su vestimenta, sus caras, sus gestos corporales; disfruto especulando sobre sus posibles condiciones de vida, sus familias, cómo es su día a día.. pero sin fantasear, intentando precariamente darles un sentido real. Analizo mi entorno desde una visión sistemática y crítica, dándole una explicación acorde a mis valores, y cada nueva información me hace replantear los esquemas desde los que miro esa realidad.

Saltar de un país a otro, a una cultura que está al otro lado del planeta hace que este “sentido sociológico” se agudice al máximo, todo lo que en tu día a día haces de forma mecánica aquí funciona con otros códigos; te das cuenta de que los jóvenes hablan prácticamente otros idiomas en su argot callejero, tan diferente al nuestro. Y sobre todo, rompes esquemas mentales que no sabías ni que tenías.

Hay pocas cosas que me llenen más que saber de la enorme diversidad de comportamientos que puede tener el ser humano, desmintiendo en la práctica todas las explicaciones genéticas pseudo-científicas que pretenden convertirlo en algo “natural” y por tanto inamovible y rígido. Tampoco analizo mi realidad con la frialdad del científico de bata blanca, que busca tener el “conocimiento objetivo” y casi siempre guiado por la idea de “controlar”; sólo disfruto usando mi mente para tratar de comprender a la gente, disfrutar igual que ellos de su cultura, compartir sus cosmovisiones de la realidad, sus proyectos y sus formas de entender sus relaciones humanas, sus relaciones de pareja, sus relaciones con la droga, el tráfico, el trabajo, su vida.

Y a través de mi análisis puedo sentir empatía, y de ahí puedo sentir compresión desde un punto de vista humano, y de ahí puedo sentir amor hacia la gente. Sentir que no somos tan diferentes, que con su tecnología enfocada hacia el mal nos han distanciado, nos han alienado, nos han separado unos de otros convirtiéndonos en simples ovejas que buscan su satisfacción personal, sin entendernos como un conjunto que da vida a esta gran maquinaria que se llama sociedad.

En realidad no creo que los sociólogos seamos una especie de “vanguardia intelectual” preparada para comprender el mundo, realmente creo que cualquier persona que tenga una actitud crítica ante la realidad y quiera disfrutar de la gente, de la cultura hecha por personas y no por empresas, puede adoptar esta actitud ante la realidad.

Creo que tod@s sabríamos disfrutar más de la vida si pensáramos más las cosas de nuestro entorno, le diéramos un sentido reflexionado, y no nos dejaramos llevar por su música y sus luces, su televisión y sus tiendas, que son efímeras al lado de disfrutar de LA GENTE.

El amor por Chávez

7 julio, 2011

Es ya noticia bien conocida la intervención que el presidente Chávez ha tenido a consecuencia de un cáncer que por suerte le fue detectado a tiempo en Cuba, una noticia que ha mantenido al país con el corazón en un puño, y a los imperialistas comenzando a frotarse las manos a la espera de hacer buena leña del árbol caído.

Si hay algo que ha quedado patente con todo este fenómeno, es el amor que el pueblo siente por su presidente; y desde luego que no es para menos. Como ya explicábamos en artículos recientes anteriores, en Venezuela no se ha producido una hegemonía social de izquierdas que avanzara hacia la construcción del socialismo… no. Más bien nos hemos encontrado con una “élite militar” que ha sabido canalizar la enorme frustración y malestar popular hacia un gobierno de corte muy progresista, y que por suerte ha comenzado a hablar de construir el socialismo. Hablamos de una situación en la que un pueblo muerto de hambre literalmente, con un Estado carcomido por la corrupción de décadas de rentismo petrolero y una sociedad civil formada por la clase media alta y sin la participación de la mayoría de la población, ha recibido grandes privilegios (derechos en realidad) de la mano de Hugo Chávez.

Para verlo más claro podemos comparar el proceso en Venezuela con el de Bolivia, y dar respuesta a por qué en Venezuela existe esta idolatría por Chávez y no la hay en Bolivia con Evo Morales. El proceso en Bolivia nace al calor de las luchas por el agua en Cochabamba, se nutre del movimiento indígena en gran parte y su gobierno nace de la organización popular en torno a plataformas, cosmovisiones del mundo, valores…etc. El gobierno revolucionario en Bolivia sí es fruto de la creación de una hegemonía ideológica para la transormación social, donde el presidente Morales no es más que la punta visible del iceberg.

El caso de Venezuela es distinto. Chávez no es el resultado de un proceso de concienciación y organización popular, sino más bien una extraña anomalía de esas que a veces se dan en la historia. Llegó al poder canalizando un descontento desorganizado y desideologizado, prometiendo renovar el sistema político; y por giros del destino comenzó un proceso de revolución social democrática que está poniendo patas arriba la sociedad venezolana. Para la gente de a pie, la gente de los barrios, es Chávez quien les ha concedido todos los derechos y ventajas sociales de las que disfrutan ahora; identifican el socialismo con el bienestar que el presidente les ha dado, y casi no logran imaginarse un socialismo sin él.

No se trata por tanto, como algunos intelectuales de copa y café han sugerido, de un proceso revolucionario que se torna en culto a la personalidad por la malvada acción de burocracias pseudo-revolucionarias. Se trata de un proceso de transformación social que, si bien esta basado en unas condiciones objetivas tales como la pobreza y la corrupción política, las necesarias condiciones subjetivas nunca habrían podido lograrse sin la figura de Chávez, sin su coraje, su sensibilidad social y su amistad con Fidel Castro. Chávez no es la punta del iceberg de la revolución bolivariana, es su piedra angular.

Mi carrera hacia el estrellato…

7 julio, 2011

Así es querid@s amig@s, yo sigo aquí en mi carrera hacia el estrellato gracias a la prensa venezolana. Ya había salido en la tele, me habían entrevistado para un periódico, y sólo me faltaba una cosa.. ¡la radio!

Un compañero de clase tiene un programa de radio llamado “nadie nace aprendido” en una emisora financiada por el Ministerio del Poder Popular para la Cultura, y además con la suerte de que les dejan llevar una linea bastante crítica (constructiva) con el proceso y demás. Así que nada, aquí os dejo el enlace para los que queráis escuchar el programa, al cual por cierto, me llevé a una amiga de España que llegó hace poquito a estos lugares para que también hablara de primera mano del movimiento indignados.

El programa dura una hora, y la primera parte es el programa anterior que se coló con el horario. Nosotros hablamos en la última media hora de programa. Aquí os lo dejo:

http://albaciudad.org/wp/wp-content/plugins/albaciudad_archivos/audio.php?audio=2011-06-29–19-00.mp3